Cada verano se repite la misma escena. Con el cierre temporal de numerosas oficinas, CaixaBank vuelve a confiar su organización a una mezcla de improvisación y buena voluntad.
Mientras unas oficinas cierran por vacaciones, otras asumen incidencias, gestión de efectivo en cajeros y, en ocasiones, desplazamientos adicionales sin compensación alguna. Y la famosa «oficina espejo» tampoco es la solución, ya que en pleno verano también trabaja con menos personal y con sus propias vacaciones, por lo que el sistema acaba dependiendo, una vez más, de la buena voluntad de quienes están al otro lado.
El resultado es previsible: incidencias sin resolver, reclamaciones de la clientela y plantilla que regresa de vacaciones para encontrarse con los mismos problema que la Entidad conocía con semanas de antelación.
Si CaixaBank puede planificar el cierre estival de una oficina, también debería ser capaz de planificar cómo garantizar el servicio durante ese periodo.
La experiencia de cada verano demuestra que el sistema actual no funciona, y las consecuencias las sufre la plantilla.
Desde CCOO reclamamos mejoras en la organización de los cierres estivales, con procedimientos claros, recursos suficientes y el reconocimiento de las tareas adicionales que asumen quienes sostienen el servicio mientras el resto disfruta de un descanso tan necesario como merecido.





